lunes, 30 de marzo de 2015

Deíctica de Julieta Rodríguez Grumberg: sujetos, objetos y posibilidades.

Por Vivi Montes (Lic. en Artes – UBA)


Ellos. Siete bailarines. Siete sujetos. Siete posibilidades que se abren a infinitas posibilidades porque Deíctica no clausura el sentido de las acciones de sus intérpretes; Deíctica juega –seduce con cierto magnetismo lúdico- con sujetos deícticos. Deícticos en el sentido que explicita el propio programa de mano de la obra: “que indica o señala/palabras cuyo significado depende del contexto, lugar y momento en que se manifiestan”. Interesante propuesta pensar el cuerpo en movimiento como palabra, y al artista (por extensión) como aquel que tiene algo por decir a un espectador que puede, sin embargo, manejarse dentro de la obra con bastante libertad.



Esos siete cuerpos presentan situaciones varias, el espectador efectúa su propio recorte, decide el enfoque de su mirada y podrá asignar sentidos varios tal la contingencia que propone la obra interpelando el entendimiento. Objetos varios irrumpen en la escena, por momentos rozan lo kitsch, juegan al deíctico, igual que los cuerpos. El objeto permite a veces la relación con el otro, en su cercanía, en su distancia o incluso en su ausencia; otras veces se torna punto de conflicto y enfrentamiento. Todas estas variantes y la versatilidad de los bailarines enriquecen la obra manteniendo al espectador siempre alerta, interesado, buscando.




Deíctica se presenta hasta el 10 de abril en el Camarín de las musas los viernes a las 23 hs.

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Ficha Técnica

Intérpretes: Ana Armas, Alejo Wilkinson, Federico Moreno, Georgia Forconesi, India Pernigotti, Lia Mazza, Ramiro Cortéz.

Música original: Augusto Natale

Escenografía: Cristian Porchia

Iluminación: Adrián Cintioli

Vestuario: Estefania Bonessa

Asistencia: Matias Goldin

Producción: Alexis Losada

Idea y Dirección General: Julieta Rodríguez Grumberg

miércoles, 25 de marzo de 2015


 Sobre cómo escribir un libro sin palabras

por Valeria Arévalos

"...porque el cuento en definitiva se trata del hombre frente a su destino, o sea, de cómo se construye nuestra realidad..."


¿Qué pasa cuando se enfrentan la palabra y el silencio?¿Es, acaso, la palabra la materialización del pensamiento o su encubridora?¿En qué lugar quedan ubicados los sentimientos? En Todos mis miedos de Nahuel Cano y Esteban Bieda el personaje de Bruno, interpretado por Pablo Seijo, es un escritor que se debate entre la verborragia y la falta de palabras. En busca de inspiración para su nueva novela va tropezando con situaciones que, lejos de servirle de fuente, lo enfrentan con su abulia, su falta de sensibilidad y su apatía.


Los personajes que le acompañarán en su historia son Mercedes (María Abadi), una alumna devenida amante, y Laura (Anabella Bacigalupo), su ex esposa aferrada a él patológicamente en un presente estancado. Diego Echegoyen será el cuarto actor que completa el elenco, su personaje innombrado, al que se puede uno referir como "El hombre", hará las veces de director de orquesta, de voz de la conciencia o de puestista de la obra, ya que será el encargado de ir hilando los pensamientos y acciones de los personajes dentro de ese torbellino de momentos sin tiempo ni espacio. Será, asimismo, quien le marque la falta a Bruno cuando intente apropiarse de citas ajenas para escribir su propio relato y, en cierto modo, es quien le dará a entender que a veces la verdad se encuentra en la sencillez.



La dificultad de representar y la construcción de la realidad serán los ejes del relato. El gran acierto de Todos mis miedos es la puesta enmarcada en un universo de doscientos libros desparramados por el espacio escénico. Libros que funcionarán como representación del universo físico e imaginario de Bruno, así podrán ser la cama de Laura, el muelle de una isla en el Tigre y hasta ladrillos de su mente que sirven para construír ideas y a veces necesitan ser derribados. No hay espacios vedados ni escondites, todo estará allí dispuesto a ser enfrentado.



Para los efectos lumínicos se utiliza una parrilla suspendida con lámparas de lectura que se van graduando para provocar distintos climas hasta la penumbra final en donde el silencio invade la escena. Ese silencio que quizás uno anhela pero que una vez hecho presente incomoda.

Ficha técnica
DIRECTOR Y DRAMATURGO
Nahuel Cano

DRAMATURGO
Esteban Bieda
 
ACTÚAN
María Abadi
Anabella Bacigalupo
Diego Echegoyen
Pablo Seijo
 
ASISTENTES ARTÍSTICOS 
Juan Fernández Gebauer
Juan Mako
 
DISEÑO GRÁFICO
Leandro Ibarra
 
ILUMINADORA
Rocio Caliri
 
ESCENÓGRAFA
Julieta Potenze
 
VESTUARISTA
Paola Delgado

FOTOS
Candela Dal Pont 
Sebastían Arpesella
 
PRODUCCIÓN

Estudio ELCUARTO
Laura Loredo Rubio

Sábados 23 hs - Beckett Teatro
Guardia Vieja 3556

Reservas: www.alternativateatral.com.ar

jueves, 19 de marzo de 2015

Cuerpos que danzan, imágenes que nos mueven.

Por Vivi Montes (Lic. en Artes UBA)


Los cuerpos danzan, se detienen, vuelven a andar, corren, trepan, se detienen, vuelven a danzar. Son movimiento, aún en su quietud. Los cuerpos condensan la potencia del sujeto. La imagen fija, la fotografía atrapa el movimiento y lo destruye, dicen… Congela los cuerpos y como a cualquier objeto carente de vida los inmoviliza, los inmortaliza. Pero ¿puede la foto ser cuerpo? Sí, las imágenes capturadas por Lía Comaleras el pasado domingo en Ciudanza dan muestras de ello; acompañan el acontecer performático de Anónimo, el montaje presentado por Gustavo Lesgart en ciclo llevado a cabo el último fin de semana en La Usina del Arte.






Estas imágenes son cuerpo vivo de los cuerpos que se mueven, son mirada presente, situada y autoconsciente. Ese es el punto en que consiguen transformarse en acontecimiento y no ser solo retrato de un momento que se nos escapó ya de los ojos y de nuestras vidas. Esta es la imagen que danza junto a los intérpretes (Antonela Malonni, Helena Cadierno, Ignacio Plaza, Marcelo Chiummiento, Mauro Appupliese, Lucas Coria, Martina Kogan, Lucía Costa, Pamela Van de Moortele, Angie San Martino, Rodrigo Ramírez Gisbert, Jazmín Cañete, Érica Ventre, Paula Tirelli, Pamela Jury Dayan, Ariel Calderón, Ezequiel Abreu, Gastón Barroso, Eugenia Cao, Paula Robles, Lucila Cataife, Natalia López Godoy).





Anónimo como obra tiene que ver con el sujeto –individual y colectivo-, con sus posibilidades –solo y en comunidad- y termina en invitación para el público, porque el espectador es también ese cuerpo que vibra en y con la obra y por lo tanto la obra se abre para incluirlo y crecer. Las imágenes, en este sentido funcionan también dentro de la obra, en paralelo o yuxtapuestas. Nada como ir juntos a la par…. Se da entonces entre performance e imágenes un juego de extrema vivencia, se contienen mutuamente como cajas chinas, como matrioskas, pero simultáneamente visibles. La fotografía en el movimiento de los intérpretes y acontecimiento en la imagen.





Y menos mal que el arte se contiene y se hace espacio a sí mismo, porque si pensamos la obra situada en La Usina del Arte hay que pensarla en un territorio bastante aquietado, hostil. Todo sucedió en un contexto vacío de otras obras, las paredes blancas, desnudas (porque es más que un auditorio, ¿no?). Todo sucedió en el exacto tiempo-reloj que duró la presencia de los bailarines en escena, luego ya ni lugar para los visitantes quedaba; había que despejar rápidamente las instalaciones, tampoco había tiempo para conversar a sus puertas, comentar lo vivenciado, también había que despejar rápido la entrada.




Por eso, porque los gobiernos y sus gestiones pasan, pero los artistas y sus huellas quedan, compartimos con ustedes, estimados mirones, algunas de estas imágenes para revisitar aquel momento tan bello y enérgico como efímero en que nosotros (espectadores y artistas) y La Usina estuvimos vivos, en movimiento, sucediendo.

Fotografías: Lía Comaleras