martes, 23 de mayo de 2017

La caricia tóxica. Sobre Letal de Paola Traczuk


La caricia tóxica
Sobre Letal de Paola Traczuk

Por Gabriela Pignataro


¿Que sería de Caligari sin su gabinete, sin las sombras deformes, los ambientes extrañados, la premonición residual que anticipa lo fatal? ¿Cómo reponer a Frankenstein sin su pater noster positivista, cirujano de las fallas que opera la monstruosidad para subyugar su libertad? Que sería de nuestros fantasmas, sin un cuerpo que dispute el origen de su existencia.
En la historia de la biología lo abyecto y lo deforme han sido temas centrales durante siglos, impulsando grandes aparatos correctivos sobre lo material y lo moral. La literatura ha recogido el guante y ha construido en torno a ello íconos perdurables, de muertos y no-muertos/no-vivos más presentes en la memoria que los que acusan el correr tibio de la sangre.
La tensión en la frontera entre la vida y la after-life, también se vuelve un problema político, cuando lo no-vivo y no por ello decididamente muerto, conforma espectralidades densas que prefiguran representaciones que tienen su peso en los imaginarios populares y en los procesos políticos en ebullición o decadencia. Restos de los escombros de la tragedia clásica, sobrevienen cada vez que un pueblo pide el cuerpo de su líder. La imposibilidad de su exposición, en el mismo sentido de la palabra: exponer, descubrir, revelar; desencadena lo fatal. Todos quieren enterrar sus muertos, alguna vez.

En Letal se entraman con sordidez, lo ominoso, lo político y lo deforme, tensados en una relación de dominación dónde es el cuerpo ausente la catálisis de todo aquello.
En una atmósfera de desastre social, la muerte del general en comando provoca agitación en las calles. El pueblo quiere celebrar los cortejos funerarios, la espera tensa de comprobar el deceso a ataúd abierto.
Rocco es un tanatopractor, que ha sido encargado de preparar al difunto para su velorio. Pero el cadáver desaparece, en una atmósfera turbia y confusa. Rocco sabe que no es viable exponer la verdad. El general tiene que aparecer, sea cuál sea, el cuerpo que se le otorgue.Es en esta destitución del soberano, que se provoca un desplazamiento de poder: será Rocco, quien se convierte en un padre creador, para el cuál Irving quien es su joven ayudante carente de lenguaje social, toma el lugar de efebo en el cual se descarga un vínculo libidinal latente. La fórmula del Dr. creacionista y su experimento maquinal en un cuerpo con órganos aún vivos, retorna.
Cabe destacar el trabajo sobre el lenguaje en la obra, y su importancia en la función narrativa: la lengua educada y compleja de Rocco emplazada en cuerpo envejecido y reprimido que lentamente se vuelto un autómata preso de sus propios vicios, frente a un lenguaje corporal, animalizado en la figura joven y estridente de Irving. Hay aquí, una batalla entre lo domado y lo salvaje, y la puja por el control de lo último.
En Letal, el espacio escénico emulsiona y modifica la obra. En esta temporada de funciones, se desarrolla en la sala teatral del El Gato Viejo espacio del artista plástico Carlos Ragazzoni en la zona de Retiro. El propio lugar en su materialidad concreta (residuos, chatarra, óxido, polvo, insectos) y lo ambiental (los ruidos del tren, el silbido de los aviones que ululan sobre Aeroparque), modifican la atmósfera narrativa de la obra. Podemos imaginar que fuera de ese reducto casi clandestino, sucio y mal iluminado dónde Rocco trabaja, que efectivamente se despliega una coyuntura de convulsión y de humo surcando los cielos. La frialdad de los materiales que constituyen la escenografía general, son preexistentes a la obra y la tiñen inveriablemente, de una textura marginal y precaria: Rocco no maquilla sus muertos en la asepsia brillante de un consultorio ni es acaso, un profesional en la cumbre de su carrera.
En temporadas anteriores la obra ha tomado lugar en el sótano de un edificio de oficinas, y es su intención trasaladar la acción a diferentes espacios no convencionales.
Esta decisión conlleva una reflexión de lo metateatral: qué es un espacio teatral, cómo y cuándo este se figura como tal, cuáles son las condiciones para que haya poiesis.
También se sospecha la pregunta sobre el teatro como el gran científico deforme y la obra, su monstruo liberado.
En Letal, las puertas del gabinete están abiertas y se cierran detrás de nuestro paso.


Ficha técnico artística

Texto: Paola Traczuk
Actúan: Mateo De Urquiza, Mauricio Minetti
Vestuario: Lara J. Cendoya Yussem
Escenografía: Lara J. Cendoya Yussem
Diseño de luces: Lucas Coiro
Diseño sonoro: Ignacio Sanchez
Comunicación:Javier García, Euge Tobal
Asistencia de escenografía:Gisela Ranieri
Asistencia de vestuario:Gisela Ranieri
Asistencia de dirección: Noelia Solmi
Producción: Javier García, Euge Tobal, Paola Traczuk
Dirección: Paola Traczuk


Web: https://www.facebook.com/letalteatro/

Duración: 40 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

EL GATO VIEJO
Av. Del Libertador 405 
(mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 15-6909-9372
Web: 
http://www.facebook.com/teatroelgatoviejo

Entrada: $ 200,00 - Viernes - 23:00 hs - Hasta el 26/05/201
                                


lunes, 8 de mayo de 2017

El vacío es un lugar que puede incendiarse, sobre Fuego todo de Jorge Eiro.

Por Gabriela Pignataro

Celebrar un desguace, bajo las sombras de las guirnaldas de lo funesto. ¿Cómo brindar con la copa llena, en advenimiento del vacío?
Mientras aguardamos en el espacio que antecede a la sala,  nos sorprende con maquillaje corrido y caras transpiradas, el desaliño de un fin de fiesta que tiene un dejo amargo en los gestos de los protagonistas. Un hombre recuerda con melancolía cuando en ese galpón, ahora vacío, se acudía a la génesis mecánica de una industria: la producción de máquinas embaladoras en manos de los trabajadores. Sus compañeras (intentan) animarlo, con el esfuerzo de estar empujando una fuerza invisible pesada que lo humedece todo.  Un fuera de campo que epiloguea, una advertencia: la fábrica supo ser una familia. Y todo indica que los vientos han cambiado. Y no a favor.
Algo se tensa en el ambiente, el dibujo de lo incendiario. La fiesta termina mal, entre los enredos particulares, los rechazos y la estampida colectiva: un estruendo proviene de la oscuridad, el caos es una forma de ordenar los principios de una tragedia singular que exorciza las partes del todo.
Asistimos al espejo de nuestros días, que es a su vez, la réplica del vertiginoso caimán neoliberal que a dentada limpia desgrana (y ha desarmado) el corazón de lo común: los vínculos solidarios, de red y sostén se hallan indudablemente vapuleados por la hincada del reptil.
Una empresa mediana, de fondos familiares, que supo ser hogar para sus trabajadores, transforma su cotidianeidad al fusionarse para dejar de producir maquinaria y en cambio, importar. El resultado de la mixtura degradante son compañeros cesanteados y alteraciones en la flora y fauna de ese universo que llamamos, oficina. Roles que se superponen, competencia, despotismo y temor: cualquiera puede ser el próximo.
La tendencia biologicista se manifiesta: hay quienes se fortalecen a costa de debilitar a otros, para sobrevivir la coyuntura, hay quienes intentan equilibrar el ecosistema, hay quienes, se juegan su ética ante la dominación: no caerán aunque aquello, les valga perecer.



Fuego Todo, compone de manera estratégica la postal de un vaciamiento, evidenciando las tramas subjetivas, latentes que erupcionan en la crisis. Con una naturalidad asombrosa, convincente y no por ellos, desprovista de sorpresa, ritmo y el tono locuaz, ávido  y fluido de los diálogos, nos lleva sin fichar a los ardides cotidianos de las oficinas, que pueden tornarse en agitados océanos plagados de tiburones buscando morder la presa posible. El esqueleto invisible y punzante de la dominación, de la que participamos alguna vez corriendo por nuestro pellejito, o mirando hacia la ventana cuando la máquina comienza a sangrar.
El despliegue escénico, amerita resaltar el ingenioso uso de los espacios en la construcción de capas de sentido, distancias focales para el desarrollo dramático: la escena y sus post- escenarios que funcionan como anticipos, insights de algo que vendrá, tentando al espectador a ampliar su atención, provocando la sensación de que algo está creciendo detrás y será imposible, detenerlo.
En un tono de humor y sarcasmo, no deja de destellar pequeños momentos de profunda intimidad en medio de la debacle y la vorágine: el roce de una mano con otra, la intensidad de algunas miradas que desvían la inercia de los otros, formas de transcurrir el incendio.
Cuál es el llamado de lo común, quiénes son tus compañeros, qué banderas levantás, cómo recomponer este vacío. Preguntas. Y más que preguntas, las sentencias de nuestros recuerdos. La herencia del trabajo como un yugo y el campo de batalla, de todos los derechos.

"Sabemos compañeros que la mejor manera de enfrentar este atropello es estar unidos, porque ellos (los patrones), si que lo están. Y buscarán todas las maneras para que nosotros nos dividamos y no nos enfoquemos en el objetivo que es uno: pensar cómo les ganamos esta pelea"
¡Trabajador que lucha no está solo!


Ficha técnica
Dramaturgia: Jorge Eiro, Pablo Elías Quiroga
Actúan: Perla Alvarez, Lisandro Armas, Maria Fernanda Benavides, Mariana Bruno, Javier Goya, Rosana Lamanna, Emiliano Lamoglie, Leandro Lara, Cecilia Lucas, Jorge Noguera, Luz Panizzi, Julián Perez, Rocio Perez Silva, Beatriz Rajland, Manuela Sánchez Almeyra, Lucio Santilli, Georgina Serafini
Vestuario: Manuela Sánchez Almeyra, Georgina Serafini
Escenografía: Estefanía Bonessa
Diseño de luces: Rocío Caliri
Fotografía: Matías Alvarez, Laureano Cavs, Luz Soria
Diseño gráfico: Romina Juejati
Prensa: Octavia Gestión Cultural y Comunicación
Producción: Luz Panizzi, Rocio Perez Silva
Dirección: Jorge Eiro

TIMBRE 4
México 3554 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4932-4395
Web: http://www.timbre4.ccom
Entrada: $ 200,00 - Viernes - 23:30 hs - Hasta el 28/07/2017



El equipaje de los sueños, sobre Proyecto Migrantes de Andrea Castelli
Por Gabriela Pignataro

Las aves migran en búsqueda de alimento, de horizontes más soleados, de vientos portadores de presagios. Así ha sido desde hace miles de años. Sus rutas aéreas han atravesado las guerras, las bombas atómicas, las revoluciones, los avances tecnológicos.
Migrar, parece ser en la historia, una línea continua, paralela con sus propios descansos y vértigos.
En la tierra de los que no vuelan, también se cruzan las fronteras. A pie, en camiones, en micros, en aviones, escondidos y también con certificados. Colectividades y singularidades, para quienes la extranjería es una nacionalidad móvil, cercada de miradas, de presunciones y de incertidumbre.
Parece ser también, que hay una escencia inmutable en la condición migrante que se relaciona de diversas formas con las contingencias: el destierro es un lugar sin certezas, un caleidoscopio donde ilusión y realidad se deforman, y forman entre sí el escenario de lo habitable.
¿Cuántas distancias hay entre cruzar la frontera en 1930 y hacerlo ahora? ¿Qué tanto se han transformados los escenarios del exilio? ¿Cómo narrarlo sin estadísticas, con la sensibilidad de las experiencias?




     Proyecto Migrantes, trae por primera vez a la argentina dos obras: El papalote azul y La Balsa de Ekeka, que narran dos historias dónde emigrar moviliza los cielos, el color de las flores, los cantos de las abuelitas: hay algo insalvable en el viaje, y hay algo persistente, que guarda el corazón.
Dos niñas que salvan la distancia entre México y Estados Unidos con cartas, que en un papalote azul las transportan a cada una al lado de la otra haciendo pequeños hogares en la soledad. Cata y Amelia, construyen un mundo propio, compartido, dónde los sueños y la lengua ancestral de los muertos las protejen del desierto que las separa.
Dos mujeres paceñas que a caballo de su amor y el deseo, se enfrentan al engaño del paraíso prometido. El arrojo poderoso de lo amoroso, flecha y armadura para cabalgar los barrios extraños, las miradas juiciosas, la desilusión y la explotación capitalista de los cuerpos. El manto protector de la Ekeka, un techo más brillante en la oscuridad.



La dimensión sonora y los objetos, son llevadas en estas obras a una zona de precisión dramatúrgica que abre en escena líneas invisibles a imágenes ausentes, que se traen en cada uno de ellos. La función ritualizante de los mismos, concentra de manera potente profundos desplazamientos semánticos y re-configuraciones que nos entregan nuevos sentidos; la conversión mágica del mercado de amuletos de La Paz se hace presente y cumple su conjuro sobre los días.
Bajo una estética visual que conversa lo folklórico tradicional con lo kitsch, acompaña el despliegue textual que nunca pierde una punzante clave humorística inscripta en el tono poético que caracteriza a toda la obra.
Los modos poéticos de la narración construyen distancias que abren pasadizos a sutilezas, intimidades, bellezas de lo transhumante que son refugios en los senderos del extranjero. Fractura así, los lugares comunes, la pantalla mediática del morbo, la liviandad acaso siniestra de los discursos adversativos sobre los inmigrantes, la desposeída configuración del otro colmado de prejuicios y preconceptos.
Lo poético puede ser político, y aquí lo es: precipita mundos que socavan las visiones llanas, enciende pequeñas llamas para un fuego colectivo.
Dos niñas tejen abrazos en el cielo, dos mujeres cruzan con el deseo en el pecho. ¿Cómo no viajar con ellas?

Ficha técnico artística:
Guión: Andrea Castelli, Violeta Robledo.
Realización de títeres: Violeta González, Cynthia Pineda.
Diseño gráfico: Natalia Battelini.
Colaboración en vestuario: Abril Rosenrauch Bonetto.
Colaboración en difusión: Laura Castillo.
Producción: Mauro Ibarra, Carina Mele.
Dirección: Andrea Castelli.
Actúan en Papalote Azul: Violeta González y Cynthia Pineda.
Actúan en La balsa de la Ekeka: Berenice De La Cruz, Olivia Torrez.
Duración 80 minutos.

Sábado 6 y domingo 7 de mayo, 21 hs en Teatro la Volterera. Segurola 2357. CABA
Entrada $150.



Alta tensión. Sobre “La culpa de nada” de Victoria Hladilo

Alta tensión
Sobre “La culpa de nada” de Victoria Hladilo

Por Vivi Montes


            ¿Cuál es el preciso instante en el que las buenas intenciones mutan a desastre? ¿Cuándo el deseo de reparar nuestros vínculos da paso a la destrucción total? ¿Cuáles son los micro pactos que sostienen un sistema de relaciones violentas y perversas?

            Victoria Hladilo, autora y directora de La sala roja, vuelve a indagar en el enroscado mundo de las relaciones humanas y revela la cara oculta de los grupos sociales desplegando una sucesión de escenas tan tensas como impactantes. La puesta mantiene al espectador en vilo, atento a cada movimiento de los personajes, intentando capturar cada palabra dicha por lo bajo porque todo el tiempo se percibe una tensión que requiere un esfuerzo mayor de atención para reconocer lo no dicho que habita en y envilece los vínculos entre las parejas que integran este grupo de amigos que protagoniza La culpa de nada.

            Una fiesta sorpresa, un esfuerzo por reparar la pareja, por llevar adelante un proyecto de familia. Un grupo de amigos judíos y esposas goi, una trama de secretos turbios que comienzan a brotar hasta cubrir toda la superficie de moho. Una suma de talentos, comenzando por Victoria Hladilo, que destaca por la efectividad del texto, la potencia de la puesta y por su comprometida actuación, siguiendo por la detallada y completa composición de personajes que presentan Julián Doregger, Mariano Farrán, Sabrina Lara, Julieta Petruchi y Manuel Vignau, personajes dispares que funcionan en un sistema complejo que late cada vez con más intensidad, pasando por la taquicardia y llega casi al borde del infarto. El resto de los lenguajes escénicos (vestuario, luz, sonido, escenografía) se integra y aporta fuerza a la construcción de un universo ficcional de notable intensidad.

            Esa fiesta es, todo el tiempo, una bomba a punto de explotar, una noche que transita de la sonrisa a la mueca de los dientes apretados por el odio, un enfrentarnos con esas pequeñas acciones, con esos pequeños pactos y esos secretos a voces que perpetúan el machismo y la violencia, incrementándola. La culpa de nada nos coloca frente a un mundo de relaciones que repudiamos pero que –aún- no somos capaces de desarticular y continuamos nuestros días, a pesar de todo, como si nada hubiera ocurrido.

Ficha artístico técnica:
 
Actúan: Julián Doregger, Mariano Farrán, Victoria Hladilo, Sabrina Lara, Julieta Petruchi y Manuel Vignau.
Dramaturgia y dirección: Victoria Hladilo / Asistente de dirección: Mercedes Quinteros /Asistentes: Lucás Imai y Javier Báez
Diseño de escenografía: Magalí Acha /Diseño de luces: Magalí Acha y Esteban Perroud /Diseño sonoro: Damián Turkieth
Vestuario: Laura Staffolani / Música original: Gabriel Chwojnik / Coreografía: Margarita Molfino / Realización de escenografía: Manuel Escudero
Fotografía: Luis Abadi / Diseño gráfico: Trineo / Prensa y Difusión: Simkin & Franco /Producción ejecutiva: Luciana Sanz y Germán García

Funciones: viernes 21hs
Teatro: El Camarín de las Musas

Dirección: Mario Bravo 960
Informes: 4862- 0655



martes, 2 de mayo de 2017

Pueblo chico, infierno grande...

Por Mariana Jaqueline Ramirez


La vida rutinaria reinante en los pequeños pueblos conlleva a que sus habitantes se conozcan y sepan todo del otro. Pocos son los secretos que pueden guardar y grandes los misterios que tratan ocultar. En esas zonas donde el existencialismo empieza a cruzarse en las cabezas de los más jóvenes lo que más retumba es el futuro, el progreso, el ansia por salir adelante lejos del lugar de pertenencia. Pues, ese es el motor principal que moviliza a En el columpio dirigida por Micaela Fariña.




En escena se hamacan un grupo de amigos (Marita, Rubén, Nelly) residentes del pueblo llamado Berreta, dos de ellos son hermanos (hombre y mujer), la tercera es una amiga que tienen en común. El trío se encuentra frente el destino trágico de un vecino, el clima de funerario los lleva a ahondar por recuerdos que les hace eco en sus pasivas vidas, vida que no se atreve a enfrentar nuevos riesgos y desafíos. Allí es donde la intranquilidad combinada con la angustia por seguir viviendo del mismo modo aqueja a dos de ellos. Ambos jóvenes se preguntan sobre una vida diferente, que simplemente les abra los ojos y los lleve por nuevos a experimentar otras fronteras. Entre ese fantaseo una de las jóvenes, posiblemente la mayor de ellos, plantea la duda de irse, pues, el hecho de que se pierdan las raíces de ese lugar la atormentan.
La puesta en escena destaca desde el centro del escenario una gran hamaca que es el punto de encuentro del grupo, pero dentro del mismo espacio hay dos lugares laterales que cobran sentido cuando son habitados por los personajes quienes se encargan de ir delimitándolos. Esto es destacable, ya que se aprovecha al máximo el espacio dramático, si bien, la hamaca se lleva todas las miradas no se desaprovecha su alrededor dando de ese modo dinamismo en la escena.


El texto dramático plantea preguntas sobre lo difícil de salir de esa zona de protección donde se respira tranquilidad, pero el hecho de irse del mismo, como un escape de la pasividad termina causando miedo frente a la posibilidad de afrontar nuevos desafíos.
En el columpio está en el Teatro El Estepario (Av. Medrano 484) los jueves a las 21hs hasta el mes de mayo inclusive; una excelente salida para dar paso al fin de semana que se aproxima.


Intérpretes: Gastón Filgueira Oria, Viviana Ghizzoni, Catalina Collardin / Escenografía: Lucila Rojo / Herrería: Elmo Gustavo Picasso, Vestuario, Wanda Siri / Diseño de luces: David Seiras / Diseño Gráfico: Bárbara Delfino / Fotografía: Antonela Peccorelli / Prensa y Difusión: Boca en Boca / Asistencia de Dirección: Pato Fabián / Dramaturgia y Dirección: Micaela Fariña.

 Espacio: El Estepario Teatro / Dirección: Medrano 484, CABA / Funciones: Jueves a las 21hs / Entrada general: $180 - $160 / Hasta el 25 de mayo.
Controversia de Valladolid: hoy es ayer…

Por Mariana Jaqueline Ramirez


Hoy es ayer las palabras con que el director Lizardo Laphitz invita a descubrir la esencia del porque esta obra representa un hecho acontecido en el siglo XVI. Pese, a estar tan lejas de nuestro días y de encontrarnos avanzados en múltiples áreas aún hay resabios de aquellos siglo que vuelven para repetirse con más violencia.

En la sala del teatro La Máscara (Piedras 736) los sábados a las 22hs se recrea lo sucedido en Valladolid, España. Allí se presentan tres actrices que en plan de ensayo empiezan a rememorar parte de la historia y a aclarar dudas al respecto. Una vez avanzado ese primer acto dan comienzo a la parte más fuerte de la puesta que es la íntegramente histórica. Las tres mujeres durante el rol de actrices mantienen sus nombres de los que se desligan para encarnar a tres hombres claves en este relato. En primera instancia se encuentran dos posturas enfrentadas sobre la conquista de América. Por un lado, el Fray Bartolomé de las Casas (María Elena Sardi) defensor de los derechos de los indios ante el poder que tenían sobre ellos los conquistadores, a raíz de su lucha dejó el obispado de Chiapas en el virreinato de Nueva España. Por otro lado, su oponente Juan Ginés de Sepúlveda (Leonor Soria), quien defendió el proceder de los encomenderos españoles pero no solo eso, sino que, buscaba dejar una buena imagen de España frente a toda Europa. Así mismo, se presenta Domingo de Soto (Beatriz Apás), personaje secundario que dirime las posturas de ambos hombres, su función principal es la de dar inicio y clausura a las escenas más vivaces del debate, tal como si fuera una lucha libre.
El elenco conformado por mujeres, expone un trabajo grupal sólido, en el que se destaca un notable compromiso, ya que el tema expuesto resulta denso en algunas escena, pero está sostenido por ellas de principio a fin, sin fisuras.


La obra tranquilamente se puede encasillar como pieza didáctica, produce una reflexión del pasado haciendo foco en la actualidad, tal como lo vienen haciendo numerosas puestas en el transcurso de los últimos años, tomando -claramente- temas históricos pero volcados a hechos directos de nuestro presente.

Como se confirma al final de la puesta la historia cuenta que la Controversia de Valladolid no tuvo una resolución pero fue el puntapié inicial para generar cambios sobre el dominio ejercido contra los indígenas. Se intenta deja un mensaje esperanzador, que invita a accionar colectivamente frente a las injusticias políticas y sociales.

Recomiendo enfáticamente esta obra teatral que nos conduce a repensar sobre el pasado y la lucha por la independencia, sea el lugar que sea, pues, el ansia de lucha nunca se debe perder.

Autoría: María Elena Sardi / Actúan: Beatriz Apás, María Elena Sardi, Leonor Soria / Vestuario: Raquel Troisi / Escenografía: Paula Picciani / Diseño de luces: Alejandra Dziewguc, Lizardo Laphitz / Video: Daniela Amdan, Facundo Gaisler / Sonido: Rubén Silva / Fotografía: Daniela Amdan, Facundo Gaisler / Diseño gráfico: Nowback Producciones / Asistencia de dirección: Bruno Blasi / Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin / Dirección: Lizardo Laphitz.


Espacio: Teatro La Máscara / Dirección: Piedras 736 C.A.B.A. / Funciones: Sábados a las 22hs / Entrada general: $200.

Al ritmo de la alienación. Sobre EL RITMO (Prueba 5)

Al ritmo de la alienación

Sobre EL RITMO (Prueba 5) – Proyecto Pruebas
Compañía Buenos Aires Escénica
Por Vivi Montes  


            Una empresa. Una empresa como cualquier otra. Cajas, computadoras, gráficos en las paredes, un teléfono y empleados. Empleados como otros empleados de otras empresas, con familias, con conflictos, con deseos, con pesares. Empleados que trabajan sin saber para quien, sin saber bien en qué, cómo tantos empleados de tantas empresas. Los productos dieron paso a los servicios y los servicios abrieron la puerta al estadio financiero. Flujos  indefinidos, vagan por una virtualidad también indefinida generando las ganancias de los mismos de siempre a costas de la plusvalía de siempre.

            Entonces irrumpe el Tiempo y lo medible se desvirtúa, se desdibuja y confunde. Y en la pregunta por el tiempo que se invierte en las cosas, en el trabajo en este caso, el ritmo toma cuerpo, se hace visible y perceptible; se torna material de trabajo para La Compañía Buenos Aires Escénica. El Ritmo (Prueba 5) no es una puesta como cualquier otra. No es una obra, es un producto. Es el producto resultante de una investigación compleja que toma como ejes al ritmo y al trabajo como ordenador rítmico de la vida.  El Ritmo (Prueba 5) es la puesta en escena del teatro que se investiga y se piensa a sí mismo al mismo tiempo que piensa al mundo. Un teatro en el que conviven la acción escénica, lo filosófico y la reflexión teórica sobre el ser y el hacer.

            Luego, el ritmo, que atraviesa la vida toda -nuestros movimientos, nuestras acciones, el decir y el pensar- es explorado en sus muchas formas, arduamente, confiriéndole a la puesta una complejidad y una riqueza extraordinarias. El trabajo escénico revela el gran trabajo previo y hay, aún más. La Compañía Buenos Aires Escénica en su Proyecto Pruebas, ofrece además del placer de ver actrices y actores talentosos desarrollando una puesta inteligente y atractiva, la posibilidad de solicitar la bitácora de trabajo de la compañía y acceder entonces al día a día del proceso, a las reflexiones que se fueron suscitando y a un material invaluable para continuar el deleite a buen ritmo.


Ficha artístico técnica:

 Actuación Guillermo Angelelli, Juliana Muras, Maitina de Marco, Ariel Pérez de María, Paula Pichersky, María Zubiri, Matthieu Perpoint
Dramaturgia, composición y dirección Matías Feldman
Asistencia artística Juan Francisco Reato
Asistencia de producción Melisa Santoro 
Dramaturgismo Juan Francisco Dasso             
Colaboración coreográfica Rakhal Herrero
Colaboración musical Nicolás Varchausky
Colaboración artística Luciano Suardi, Lorena Vega       
Diseño de luces Matías Sendón
Vestuario Lara Sol Gaudini
Escenografía Cecilia Zuvialde
Asistencia de escenografía Julieta Italiano

Complejo Teatral de Buenos Aires
Teatro Sarmiento
Duración 100 minutos